En 1997 dejé Cuba y llegué a Chile, sin imaginar todo lo que la vida me tenía preparado, comenzaba una nueva etapa en un país desconocido, sin saber que aquí construiría gran parte de mi historia y descubriría una fuerza que no sabía que tenía
En agosto de 1999 nació mi primera hija y, dos años después, en agosto de 2001, llegó mi segunda hija, ellas se convirtieron en el motor de mi vida y en la razón más grande para seguir adelante
El camino no fue fácil, tuve que aprender a vivir en un país nuevo, criar a mis niñas y encontrar la manera de salir adelante, durante años viví con el temor de no poder pagar el arriendo o de que nos faltara algo en casa, hubo momentos difíciles, pero nunca me rendí, poco a poco encontré trabajo, fui ganando independencia y construí nuestro hogar, cada obstáculo me enseñó que podía ser más fuerte de lo que imaginaba
Mi madre y mi hermano siguen viviendo en Cuba, los amo y los llevo siempre en mi corazón, sin embargo, nunca he sentido la nostalgia por mi isla de la misma manera que otras personas que emigran, no sé explicar por qué, simplemente ha sido así, y con el tiempo he comprendido que no todos vivimos la distancia de la misma forma
Cuba es mi origen, el lugar donde comenzó mi historia, pero Chile es el país donde he criado a mis hijas, donde he enfrentado mis mayores desafíos y donde he aprendido a confiar en mí misma, aquí he construido una vida que, con sus dificultades y alegrías, también siento como propi
Hoy, cuando miro hacia atrás, siento orgullo por todo lo que he vivido y superado, por aquella mujer que llegó sin saber qué le esperaba y que, a pesar de los miedos, siguió adelante, mis hijas han sido siempre mi mayor motivación y verlas crecer ha dado sentido a tantos esfuerzos y sacrificios
Quizás por eso, cuando pienso en el desarraigo, siento que no existe una sola manera de vivirlo, algunos llevan consigo una nostalgia profunda por la tierra que dejaron, otros aprendemos a echar raíces en el lugar donde la vida nos puso, y también estamos quienes podemos amar nuestro origen sin sentir la necesidad de regresar a él para sentirnos completos
Con el tiempo he comprendido que hacer una nueva vida no significa olvidar la anterior, ni dejar de querer a quienes quedaron lejos, significa aceptar que nuestra historia puede tener más de un lugar importante, que podemos conservar nuestras raíces y, al mismo tiempo, sentirnos en casa en una tierra que nos recibió y nos permitió crecer
Esta es mi historia, mi manera de vivir el desarraigo, no reniego de mis raíces ni necesito justificar lo que siento, simplemente aprendí que la vida puede llevarnos por caminos inesperados y que, a veces, lejos del lugar donde nacimos, descubrimos quiénes somos y de cuánta fuerza somos capaces
Cuba es parte de mi origen, mis hijas son mi vida y Chile es el país donde encontré mi fuerza
